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El pregón dicho con sustanciosa gracia suena a las mil maravillas
Santiago SantaCruz (Cronista Unión de Historiadores)
Rafael Ignacio “El Cáscara” es pregonero reconocido en Santa Cruz del Sur
El pregón es renuevo de lo tradicional, aunque me atrevo a afirmar, que por estos tiempos, no es frecuente escuchar buenos pregones, aquellos que venden, con cajas puestas en la parte trasera de sus bicicletas, andan tan de prisa , que a penas las personas, interesadas en sus productos, pueden alcanzar a verlos, los pedales van por delante de su léxico. Otros los llevan en carretillas, o en jabas, andan más despacios, pero escasos son, los que emiten armonía, al divulgar lo que traen.
No es total la extinción, para suerte nuestra andan por múltiples calles de esta jubilosa Isla, los que se empeñan en propagandizar gustosos las mercancías, ganan clientela y público curioso, éstos últimos, interesados en aprenderse lo que dicen, para exponerlo en sanos comentarios.
Santa Cruz del Sur, por su posición geográfica, resultó tierra de grandes comerciantes y de reconocidos vendedores ambulantes, que brindaban sus mercancías placenteros, fundiendo frases sencillas con la riqueza espiritual de sus almas limpias, regocijadas en jugosos empeños.
Se recuerda por los vecinos más viejos de esta comunidad, y de los que sobrepasamos los 40 años, a Emilio, el heladero, Manolo, con su coquito acaramelado, Panchito Corso, ofreciendo su pan de maíz, Regalao, despertando soles entre pescados salados, y de tantos otros que nos dejaron en la memoria lo bienhechor de su noble tarea.
Rafael Ignacio Olivera Borrá, lleva el ilustre sobrenombre de El Cáscara, que tomó de su padre, al que le decían Cascarilla. Fue operador de concretera en un contingente de la construcción, pero al retirarse, meditó qué hacer, para no encerrarse en quehaceres cercados por la rutina. “Fue en el año 2003 que decidí caminar para pregonar, aunque era tímido, me atreví, pero quise desde mi primera salida, llamar la atención”.
A las notas adobadas a gusto propio, le puso canto pegajoso, lo practicó mucho, hasta que sonó como debía: ¡Vamos mis hermanos!,¡ hilos de todos los colores!. Quería que resultara, pero no tenía la seguridad absoluta. Resultó algo fuera de lo común, que desveló el interés de muchos vecinos por saber quién era ese hombre, que tanta atención atraía con su pregón. Los carreteles cubiertos de hilos entraban a chorros por las puertas de los hogares, las amas de casas, hasta hoy, mantienen el interés de adquirirlos de sus manos.
“Canto lo que me viene a la mente, pedacitos de temas de Oscar de León o de cualquier cantante cubano”. Las personas se acercan a solicitarle algún tema musical, y él siempre está dispuesto a complacer. “Dicen que lo hago a las mil maravillas, eso emociona y regocija mi corazón”.
Confiesa que la envidia no está aislada de lo que sale a diario de su voz, y hay quienes sin detenerse en el atrevimiento, le han expuesto que su canto es vivo grito. “Lo que sucede es que ellos no tienen ese don”, expone orgulloso.
No exagero si le digo, que por esta localidad no hay otro como El Cáscara. No existe premura en su andar, disfruta al divulgar lo que trae, le pone letra y música a sus hilos de diferentes colores, imprime genialidad a la reputación que sustenta su pecho.
“Ya tengo 69 años, no he pensado en abandonar lo que con gusto hago, no sé que sucederá cuando sea más viejo, ni siquiera pienso en eso”. Hay estilo simpático en el pregón de Rafael Ignacio, con su intención bien marcada, se ha convertido en una persona muy popular. En cualquier esquina o a mediación de cuadra, va su voz atrayente: ¡Vamos mis hermanos!.
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La gloria y el triunfo no son más que un estímulo al cumplimiento del deber.
José Martí
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